Pintamos, modelamos, imprimimos, cortamos, dibujamos, exploramos las figuras y sus formas, mezclamos pigmentos y texturas, creamos el material, amasamos plastilinas, plegamos cartón o papel, diluímos color, reciclamos...

"Creando superficie (...) y así hacen los niños naturalmente (...)." Donald W. Winnicott, pediatra y psicoanalista anglosajón, refiere el "espacio transicional" como aquel que no es externo ni interno al niño, sino que se constituye en un "entre". Es el espacio que por excelencia da lugar al desarrollo de la creatividad, la cual es una cualidad innata del niño, sólo necesita un ambiente facilitador para expandirse.

En este estadio del niño, el espacio interior, subjetivo, y el exterior todavía no están diferenciados, los niños conectan interior y exterior en una superficie contínua a través del juego. Así ocurre también en el film, que envuelve disecciones y lapsos de tiempo en un contínuo fluir.

Motivamos al niño desde este lugar, a explorar y a crear. Estimulando estos espacios transicionales donde se desarrollan múltiples vínculos entre lo material y lo imaginario.

La imaginación del niño remonta vuelo, apropiándose del mundo de una manera subjetiva, y única cada vez, recreando su mundo, disfrutando del juego, percibiendo, con todos sus sentidos el color y la forma, modelando su entorno, imprimiendo, cortando, dibujando, explorando figuras, viéndolas emerger en las mezclas de pigmentos, participando también en la creación del material, amasando plastilinas, plegando cartón o papel, diluyendo color, armando y desarmando una y otra vez.

En este acto creativo el niño utliliza su cuerpo y a través de éste también descubre y recrea su espacio y su propio movimiento. También estimula su oido cuando la acción se asocia al tono musical y a los ritmos.

El niño recibe el material o la consigna sin analizar, lo toma, lo recrea, se sorprende y nos sorprende...

© Juliana Herrero para A la Rueda Rueda